¿Quién tiene el control: Dios o tus palabras?
- 28 jul
- 12 min de lectura

Analizando la manifestación, el Nuevo Pensamiento y la teología de la Palabra de Fe
por Marci Julin
Mientras esperaba recientemente para pagar en una tienda, dos cajeras comentaban que una de sus compañeras llegaba tarde, otra vez, y que la chica a la que debía relevar estaba deseando marcharse. Su amiga le sugirió que manifestara la realidad hablándole al «universo» para que la compañera que llegaba tarde entrara por la puerta. Con aire de autoridad, la impaciente cajera lo hizo, pero, por desgracia, el indiferente universo se negó a manifestar a la empleada desaparecida. En fin, por intentarlo no se perdía nada. (guiño, guiño)
Aunque lo más probable es que las cajeras no esperaran realmente que su compañera apareciera de inmediato, este tipo de ideas del Nuevo Pensamiento se han vuelto muy comunes y, lamentablemente, también han penetrado en la iglesia, a medida que los maestros de la Palabra de Fe intentan cristianizar creencias paganas.
Como mi ministerio, mis escritos y mis enseñanzas tratan sobre la salud, la enfermedad y la sanidad, con frecuencia recibo comentarios y preguntas de cristianos bien intencionados que, sin darse cuenta, han adoptado creencias que no son tan bíblicas como imaginan. Por ejemplo, en las últimas semanas dos personas distintas me dijeron que creían que la Biblia enseña que pueden hablar vida o muerte sobre sí mismas, provocando así sanidad o destrucción. Otra persona me preguntó si hablarse a uno mismo mediante afirmaciones, ya fueran pensamientos positivos o incluso versículos bíblicos, era apropiado y beneficioso para la sanidad.
Tal vez tú también hayas pensado o escuchado enseñanzas parecidas y te preguntes si la Biblia realmente concede ese poder y esa autoridad. En este artículo quiero analizar la manifestación, las filosofías del Nuevo Pensamiento y la teología de la Palabra de Fe a la luz de las Escrituras. Empecemos definiendo los términos. Primero examinaremos las filosofías paganas y, después, sus versiones «cristianizadas», antes de considerar detenidamente si se trata simplemente de distintas maneras de hablar de la fe… o de algo completamente diferente.
En esencia, la manifestación es la creencia de que:
Tus pensamientos, palabras o creencias crean la realidad.
Puedes atraer determinados resultados (salud, riqueza o éxito) alineando tu mente y tus palabras.
El mundo espiritual funciona según leyes impersonales (como la «ley de la atracción»).
Consideremos algunas citas de defensores del Nuevo Pensamiento. Rhonda Byrne habla de la Ley de la Atracción cuando dice: «Si puedes verlo en tu mente, podrás sostenerlo en tus manos». «Cada uno de tus pensamientos es algo real: una fuerza». Y también: «Considera que las cosas que deseas ya son tuyas».[1]
Otro gurú de la manifestación, Bob Proctor, afirma: «Visualízate viviendo en abundancia y la atraerás».[2] Proctor comienza su artículo citando a Buda y a J. K. Rowling: «En aquello que piensas te conviertes; aquello que sientes lo atraes; aquello que imaginas lo creas».[3] «No necesitamos magia para transformar nuestro mundo. Ya llevamos dentro de nosotros todo el poder que necesitamos».[4]
Podría seguir citando muchos más ejemplos, pero la idea ya está clara: los pensamientos crean la realidad, los sentimientos atraen resultados y el universo responde a los estados internos.
Contraste entre el Nuevo Pensamiento y la teología de la Palabra de Fe
Ahora comparemos esas citas con las del pastor de la mayor «iglesia» de Estados Unidos, Joel Osteen, en su exitoso libro Your Best Life Now.
«Producirás aquello que ves continuamente en tu mente… Si desarrollas una imagen de victoria, éxito, salud, abundancia, gozo, paz y felicidad, nada en la tierra podrá impedir que esas cosas lleguen a ti… Debes concebirlo en tu corazón y en tu mente antes de poder recibirlo… Debes dar cabida al crecimiento en tu manera de pensar, y entonces Dios hará que esas cosas sucedan». «Debes concebirlo y creer que es posible si alguna vez esperas experimentarlo».[5]
A diferencia de Osteen, que normalmente prescinde de las Escrituras, Andrew Wommack intenta espiritualizar estas enseñanzas relacionándolas con la fe y la oración:
«En el mismo momento en que oraste, ¡BUM!, ya está hecho. Ya es una realidad en el mundo espiritual. Y si después no lo ves manifestarse, no dudes de que Dios ha hecho lo que Su Palabra dice que ha hecho. Cree que lo recibiste cuando oraste. Y, mientras continúas orando, no vuelvas a pedirlo, sino que toma autoridad…».[6]
Como quizá ya hayas observado, los maestros del movimiento de la Palabra de Fe suelen reformular las filosofías del Nuevo Pensamiento utilizando lenguaje bíblico, mientras desplazan sutilmente el énfasis de la voluntad de Dios hacia la declaración humana. Para determinar si esto supone un problema, consideremos los principios fundamentales que enseñan y la defensa bíblica que afirman tener.
Principios fundamentales de la teología de la Palabra de Fe:
Las palabras tiened poder creador.
La fe es una fuerza que activa los resultados.
Dios ya ha concedido las bendiciones; tú debes «reclamarlas» o «decretarlas».
Las palabras negativas producen resultados negativos; la confesión positiva trae bendición.
Los creyentes pueden «hablar para que las cosas existan».
Quizá estés pensando: «Bueno, ¿qué tiene de malo "redimir" las ideas del mundo? Tal vez el Nuevo Pensamiento simplemente robó o distorsionó la verdad de Dios». Entonces, ¿cuál es la defensa bíblica de estas afirmaciones? (A partir de este punto recurriré con frecuencia a las Escrituras, porque la Palabra de Dios, y no la mía, es la clave para comprender correctamente este tema.)
Principales pasajes bíblicos utilizados como apoyo:
El pasaje bíblico más citado para respaldar esta reinterpretación cristiana de la manifestación se encuentra en Proverbios 18:21, que dice: La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos. Este versículo se utiliza para afirmar que nuestras palabras tienen un enorme poder y que, literalmente, podemos hablar vida o muerte sobre nosotros mismos y sobre los demás. Se sostiene que nuestras palabras crean la realidad y poseen un poder creador semejante al de Dios, cuya sola palabra hizo surgir todas las cosas de la nada. Como dice Romanos 4:17, Dios «da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran».
¿Tienen realmente los creyentes el mismo poder creador que Dios?
Principios para interpretar las Escrituras:
Antes de pasar a otros pasajes utilizados para apoyar la teología de la Palabra de Fe, quisiera detenerme un momento aquí. La Escritura debe entenderse siempre dentro del contexto del pasaje en el que se encuentra. Además, para comprender correctamente el significado de un texto, a menudo es necesario considerar el contexto más amplio y la enseñanza global de la Biblia. Como Dios no se contradice a sí mismo, cuando dos pasajes parecen entrar en conflicto podemos asumir que hemos interpretado incorrectamente uno de ellos.Con esto en mente, volvamos a considerar los dos pasajes anteriores.
¿Cuál es el contexto inmediato de «la muerte y la vida están en poder de la lengua»?
¿Cuál es el contexto más amplio de la enseñanza bíblica sobre las palabras?
El libro de Proverbios habla con frecuencia del poder de la lengua para el bien o para el mal. Encontramos numerosos ejemplos de palabras que traen esperanza y sanidad, como un buen mensaje transmitido por un mensajero (13:17), el consejo sabio (12:18) o las palabras amables (16:24). Sin embargo, uno de los contrastes más esclarecedores aparece en Proverbios 19:21:--Muchos son los planes en el corazón del hombre, pero el propósito del Señor es el que permanece. Y el mismo contraste vuelve a aparecer en Proverbios 16:9: El corazón del hombre traza su camino, pero el Señor dirige sus pasos. Dios, NO el hombre.
A la luz del contexto, comprendemos que la «muerte» y la «vida» de las que habla Proverbios 18:21 se refieren al impacto que nuestras palabras tienen sobre otras personas: sus consecuencias morales y relacionales, no a un supuesto poder para crear la realidad. Y, sobre todo, la voluntad soberana de Dios no puede ser frustrada ni manipulada por los pensamientos, las intenciones o las palabras del ser humano.
¿De quién es la Palabra que tiene poder?
En cuanto al poder y la autoridad de Dios para hablar y hacer que las cosas existan, recordemos que Él es la Palabra. Juan 1:1 dice: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Jesús es el Logos (la Palabra). Nosotros no. En ninguna parte de las Escrituras se afirma que nuestras palabras tengan poder creador. Algunos podrían admitir este punto, pero argumentar que nuestra fe, expresada en oración a Dios, pone en acción el poder de Su Palabra. Consideremos entonces otros pasajes que suelen citarse para defender esa postura.
En Marcos 11:23-24, Jesús dice a sus discípulos:
De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: «Quítate y échate al mar», y no dude en su corazón, sino que crea que será hecho lo que dice, le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidáis orando, creed que lo habéis recibido, y os vendrá.
Wommack y otros maestros concluyen a partir de estas palabras que la fe garantiza cualquier resultado deseado y que seguir pidiendo, en lugar de actuar con absoluta certeza, constituye falta de fe.
Pero volvamos a leer estos versículos dentro de su contexto y teniendo presente el conjunto de la enseñanza bíblica.
Estas palabras fueron dirigidas específicamente a los discípulos, cuya misión era llevar el Evangelio a nuevos territorios. Sus palabras debían ser confirmadas con señales y poder para demostrar que el mensaje procedía de Dios (1 Tesalonicenses 1:5). El propósito no era proporcionarles comodidad personal o prosperidad, sino que el Evangelio avanzara.
Si además consideramos un pasaje paralelo, mucho más extenso, en el evangelio de Juan, donde Jesús enseña acerca de la oración, observamos que desarrolla dos condiciones esenciales para recibir aquello que pedimos. La primera es permanecer en su amor.
Dos requisitos importantes:
1. Cómo dice Jesús que permanecemos en su amor? Mediante la obediencia a sus mandamientos (Juan 15:9-10). Juan 14:14-16 lo expresa con claridad: Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre... En estos versículos Jesús no promete concedernos todo lo que pensamos, sentimos o deseamos, sino que promete darnos el Espíritu Santo, quien nos ayudará a vivir en obediencia.
2. Además, 1 Juan 5:14 añade una segunda condición para recibir lo que pedimos en el nombre de Jesús:-- Y esta es la confianza que tenemos delante de Él: que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. No debemos interpretar que Jesús hizo una promesa absoluta de conceder cualquier cosa que deseemos siempre que tengamos suficiente fe. Dios no es un genio encerrado en una lámpara al que podamos liberar mediante la oración para cumplir nuestros propios deseos.
Otro pasaje utilizado para justificar la idea de «decretar» resultados es Job 22:28, donde se lee: Determinarás una cosa, y te será firme; y sobre tus caminos resplandecerá la luz. Es fundamental recordar que estas palabras fueron pronunciadas por Elifaz, uno de los amigos de Job, cuya teología fue posteriormente reprendida por Dios (Job 42:7). Una vez más, el contexto lo es todo.
Real Prayer is Sabotaged
Todos hemos vivido situaciones en las que oramos por algo y la respuesta fue «no» o «todavía no». ¿Se debía a que no habíamos declarado nuestra fe con las palabras mágicas que obligarían a Dios a actuar? ¿O quizá anulamos nuestra fe con dudas o palabras negativas y, por eso, el resultado deseado no llegó a manifestarse? No. Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas de gran fe a quienes Dios respondió «no» o «todavía no». Abraham esperó veinticinco años al hijo prometido. Pablo pidió tres veces que le fuera quitado el aguijón en la carne, y la respuesta de Dios fue: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9).
La fe no debe estar puesta en la fe misma ni en las palabras que pronunciamos, sino en Dios, mientras nos sometemos a SU VOLUNTAD, incluso cuando esta va en contra de la nuestra. Isaías 46:9-10 sitúa la soberanía y el poder de Dios en su justo lugar: «Yo soy Dios, y no hay otro... que anuncio el fin desde el principio... diciendo: “Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.”»
Jesús mismo nos dio ejemplo cuando, en medio de su agonía, clamó humildemente al Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22:42). Consideremos también las palabras de Santiago:
«Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» (Santiago 4:3)
En lugar de eso, deberíais decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.”» (Santiago 4:13-15).
Aguas Peligrosas del Mundo Espiritual
Al interpretar erróneamente unos pocos pasajes de las Escrituras, la teología de la Palabra de Fe produce un cambio sutil, pero significativo, en el enfoque espiritual. En lugar de «hágase tu voluntad», pasa a ser «mis palabras determinan los resultados». En vez de que el Dios Todopoderoso actúe conforme a lo que, en su infinita sabiduría, sabe que es mejor, una persona finita pretende hacer que Dios actúe según su propia voluntad. La oración deja de ser relacional (comunión con el Padre) y transformadora (alinear nuestro corazón con el suyo) para convertirse en algo transaccional y orientado a obtener resultados. En definitiva, busca sustituir la autoridad de Dios por el control humano.
Atribuirse semejante poder y autoridad es colocarse en una posición espiritualmente peligrosa delante de Dios. Consideremos atentamente la advertencia sobre el orgullo y las palabras en Proverbios 8:13b: «El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa aborrezco.» Y también el Salmo 59:12: «Por el pecado de su boca, por las palabras de sus labios, sean presos en su soberbia.»
Las Escrituras nos enseñan que el orgullo llevó a Satanás a querer igualarse a Dios, y por ello fue expulsado del cielo. ¿Y qué hizo después? Tentó a Eva con la mentira de que ella también podía ser como Dios (Génesis 3:5). Del mismo modo, Satanás intentó tentar a Jesús. ¿Cuál fue su método en las tres tentaciones? El engañador citó las Escrituras. Sí, las citó palabra por palabra, pero fuera de contexto para tergiversar el significado de la verdad. De la misma manera, los maestros de la Palabra de Fe intentan extraviar a la iglesia.
Además, quienes caen en la mentira de Satanás de que somos como Dios en nuestra capacidad de hablar vida o muerte sobre las cosas terminan viviendo llenos de culpa y temor. Cuando las oraciones y los decretos de salud, riqueza y prosperidad no reciben respuesta, surge la condenación, porque la culpa debe estar en una falta de fe o en algún pensamiento negativo que se coló sin darse cuenta. Como consecuencia, el temor empieza a dominar, porque uno siente que no puede ser sincero con sus pensamientos, sus palabras o sus sentimientos, ya que cree que estos crean la realidad. En lugar de seguir el consejo bíblico y el abundante ejemplo de derramar el corazón delante de Dios en oración (como hizo David en los Salmos), la persona termina dependiendo de una positividad constante, disfrazada de fe.
Pensamiento Positivo y Afirmaciones
Algunos rechazan las creencias más conocidas del Nuevo Pensamiento y de la Palabra de Fe, pero aun así confunden el pensamiento positivo y las afirmaciones con la enseñanza bíblica sobre la renovación de la mente mediante la verdad. La ciencia demuestra el profundo impacto que los pensamientos tienen sobre nuestra fisiología, modificando las conexiones neuronales y ejerciendo una influencia positiva o negativa sobre la salud. La Biblia habló de esta realidad mucho antes de que la ciencia tuviera los medios para demostrarla. «El corazón apacible es vida para el cuerpo, pero la envidia es carcoma de los huesos.»[7] Podemos obtener grandes beneficios para nuestra salud cuando comprendemos y aplicamos la verdad bíblica de que la paz en nuestro corazón, reflejada en nuestros pensamientos y nuestras palabras, da vida o la quita. (Este es uno de los temas principales de mi libro Vida para el cuerpo). Pero ¿puede esa paz que da vida alcanzarse mediante la repetición de un mantra o de una declaración?
La renovación bíblica de la mente comienza llevando cautivo todo pensamiento y sustituyéndolo por la verdad correctamente aplicada.[8] Mediante la oración, y no mediante declaraciones, se hace realidad la promesa de que «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».[9] Es el Espíritu quien trae paz, no nuestras palabras. Cuando creemos afirmaciones positivas que no son ciertas (por ejemplo: «No tengo cáncer», cuando en realidad sí lo tengo), quizá no logremos crear la realidad que deseamos, porque el pensamiento positivo solo ofrece un beneficio físico limitado. La falsedad, o las Escrituras sacadas de contexto, solo «funcionan» mientras uno las cree, razón por la cual el poderoso efecto placebo acaba perdiendo su eficacia con el tiempo.
Algunos podrían concluir que el enfoque bíblico consiste en hablar verdad (la Palabra literal de Dios) sobre uno mismo, en lugar de repetir afirmaciones positivas que quizá no sean ciertas. Sin embargo, la Biblia no nos instruye a hablar la Palabra sobre nosotros mismos. Nos llama a creer en la Palabra y a someternos a la perfecta voluntad de Dios, sabiendo que Él hace que todas las cosas cooperen para nuestro bien. No tenemos autoridad ni poder para declarar nada sobre nosotros mismos; por eso ponemos nuestra fe en Aquel que sí los tiene.
En conclusión
Ya se presente como manifestación mediante el universo o como declaraciones llenas de fe revestidas de lenguaje cristiano, el mensaje de fondo es el mismo: que nuestras palabras tienen el poder de dar forma a la realidad. Pero el conjunto de las Escrituras afirma lo contrario. Como advierte el apóstol Pablo en Colosenses 2:8, debemos permanecer vigilantes: «Mirad que nadie os haga cautivos por medio de filosofías y huecas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo, y no según Cristo.»
[1] 31 «Citas de Rhonda Byrne sobre la Ley de la Atracción», por Susan Pham, 21 de mayo de 2023, https://manifestaire.com/rhonda-byrne-quotes.com
2] 210 Powerful Law of Attraction Manifestation Quotes, 15 de julio de 2024, https://thesouljourney.com/law-of-attraction-manifestation-quotes.com
[3] Buda
[4] J. K. Rowling
[5] Joel Osteen, Your Best Life Now, pp. 4–5, citado nuevamente en https://www.apprising.org/2012/10/25/joel-osteen-and-the-prosperity-gospel.com
[6] Andrew Wommack, «You Have Already Got It and It Is in The Spirit» (transcripción), https://www.newcovenantfellowship.us/wp-content/uploads/2018/04/Andrew-WommackIt-is-in-the-spirit-transcription-document.pdf.com
[7] Proverbios 14:30
[8] 2 Corintios 10:4–5
[9] Filipenses 4:7
























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